Todo
el que se acerca a conversar con Marta Mosquera recibe la misma
advertencia: «Hablo mucho, este es mi tema, es de lo que me gusta
hablar, de los libros y la literatura». Tiene esa pasión desde muy
joven, cuando recién graduada de Pintura en la Escuela Nacional de Arte
(ENA), llegó hasta el germen fundacional de la Editorial Oriente (EO)
por allá por el año 1971.
«No sabía casi nada del diseño de libros, solo que siempre me
gustaron y es mi pasión leerlos; recibí varios cursos en diferentes
lugares del país, con diseñadores alemanes y polacos, además de la
excelente preparación en la ENA con Raúl Martínez, que fue mi mentor y
la persona que me enseñó la esencia de lo que sé, aunque otros hayan
influido en mi obra.
«Agradezco mi paso por la enseñanza artística, que ha sido la base de
mi formación, primero en la Academia José Joaquín Tejada y luego en la
ENA, porque la máquina sola no es nada, hace falta delante alguien que
sepa dibujar, tenga dominio acerca del color, las formas, etc.».
Cuarenta y dos años después Marta se convierte en la primera mujer en
recibir el Premio Nacional de Diseño del Libro. Pero esta orgullosa
santiaguera encuentra la razón en otras motivaciones: «El libro es un
objeto que tiene alas, el libro vuela y está en todas partes, y además
es un bumerán porque regresa a ti. Lo conoce todo el mundo; incluso la
página legal mucha gente la lee, aunque algunos crean que no, y eso hace
que el lector sepa quién hizo este diseño que me gustó o este que no me
gustó».
—¿Cómo aprecia la doble significación de este premio entregado por primera vez a una mujer y que vive fuera de la capital?
—En todos estos años me he vinculado a diferentes casas editoras del
país y he apoyado a otros territorios en la creación de los Centros
Provinciales del Libro y la Literatura. Además he impartido seminarios
sobre diseño y las adecuaciones del trabajo editorial a la norma Riso,
entre otras actividades, lo cual no solo ha contribuido al prestigio de
la EO, sino que también ha difundido el conocimiento de mi obra.
«El hecho de ser mujer creadora en el ámbito del diseño editorial ya
no es una novedad. En el tiempo en que empecé a trabajar éramos muy
pocas las que hacíamos diseño gráfico, en la Editorial Oriente solo
habíamos dos. Después que se creó el Instituto Superior de Diseño (ISDI)
fue que las mujeres diseñadoras gráficas salieron a la palestra, aunque
muchas siguen prefiriendo otras ramas del diseño. Tengo la suerte de
ser una de las que se dedicó al diseño del libro, que es algo
fascinante».
—Fuera del criterio de la crítica u otros especialistas, ¿cuáles son los trabajos más recordados por Marta?
—Son muchos años y muchos libros. Al principio hacíamos los libros
como los panaderos hacen el pan, con las manos. De esos hechos con las
manos son mis mejores recuerdos; de ahí salió la colección príncipe de
nuestra editorial, la niña linda de mis ojos, la Heredia, de poesía. En
una sola ocasión obtuvimos 11 premios del extinto Concurso del Arte del
Libro con este trabajo.
«Después laboré en otras colecciones que han sido muy importantes
como Mariposa, para la cual creé un logotipo que me gusta destacar entre
todos los que he creado. Es una muy hermosa y elaborada colección. Yo
busco reflejar en el diseño el espíritu del libro, más que buscar una
referencia evidente con el título, eso ha marcado alguna diferencia».
Con una profusa producción en todos los ámbitos del diseño, Marta
prefiere hablar siempre de sus últimas labores. Así muestra su
satisfacción por un libro próximo a salir y en el que, según confiesa,
ha puesto toda su experiencia y talento.
«Carlos Segrera. Arquitecto iniciador del progreso arquitectónico y
urbanístico de la ciudad de Santiago de Cuba en el siglo XX es un libro
de arte que está hecho con mucho amor, porque soy una santiaguera de
esas realmente comprometidas con mi ciudad y su
historia, que ama lo bella que es y desea que todo el
mundo la conozca y sepa cuánto la amamos.
«Pienso que su publicación constituirá un acontecimiento porque para
mí, que lo trabajé, fue como un redescubrimiento de Santiago; apreciar
el desaparecido Hotel Venus, saber cómo se diseñó el Parque Céspedes, el
Club San Carlos, la Catedral, el Hotel Casagranda y tantas otras
construcciones emblemáticas de la Ciudad Heroína... Son 380 páginas
donde se une la profunda investigación de sus autoras Marta Lora y
Carmen Lemos con imágenes muy bellas a todo color».
—Coméntenos sobre su quehacer fuera del ámbito editorial.
—He trabajado algo en teatro pero menos de lo que quisiera. También
he concebido imágenes corporativas como la de los Laboratorios de
Anticuerpos y Biomodelos Experimentales (Labex) de
Santiago de
Cuba,
uno de mis mejores trabajos. A través de un concurso pude realizar el
logo y el trofeo de la Feria Internacional ExpoCaribe. He diseñado
carátulas de discos, carteles, señalética... Otro proyecto interesante
ha sido ArteCiudad que, a través de grandes vallas, ha contribuido al
mejoramiento del entorno citadino con la exhibición en espacios públicos
de la obra de artistas de la plástica santiaguera.
«Me gusta todo lo que hago porque a la vida hay que entrarle con pasión y, como buena Leo, siempre veo el vaso medio lleno».
—¿Qué lugar ocupan en su trayectoria la Editorial Oriente y Ediciones Caserón?
—La Editorial Oriente ha sido todo en mi vida porque es donde me he
formado como lo que soy: una diseñadora del arte del libro. Ahí he
obtenido todos los premios específicos en el ámbito del libro y además
he trabajado con personas maravillosas.
«Ediciones Caserón es un aparte muy interesante de mi carrera porque
empezamos con unas pequeñas publicaciones llamadas Los Caseroncitos. Era
muy duro el quehacer en una imprenta de Cultura para lograr su salida,
pero fueron muy exitosos en los años 80. Al retomar sus funciones en
2006 con Reinaldo Cedeño al frente, Ediciones Caserón y su revista
homónima tomaron otro impulso que se reflejó en su diseño, a pesar de
que mantuvimos la concepción original».
—¿Por qué a pesar de tener tantas responsabilidades no abandona su labor docente?
—Como ves hablo mucho y me gusta dar clases, explicar lo que sé. He
estado muy vinculada al Centro de Superación de la Cultura con proyectos
de diseño teatral gráfico y otros temas, además de impartir cursos
generales, talleres y cursos específicos en el extranjero.
«Ahora tengo un proyecto en conjunto con la comisión de enseñanza
artística, Conversando con..., donde una vez al mes invito a
personalidades de la
cultura
para que compartan su experiencia con los alumnos de las escuelas de
arte y la Universidad. Estudié mucho tiempo y todavía estudio; además la
docencia es una forma de retroalimentación».
—¿Cómo logra no repetirse después de tantas décadas haciendo lo mismo?
—Al informarme constantemente, trato de estar al día en lo que se
hace en el trabajo editorial. La participación en las ferias del libro
son otra fuente de enriquecimiento profesional. Admiro lo bien que están
los jóvenes graduados del Instituto Superior de Arte, el ISDI; de la
Escuela Internacional de Cine y Televisión o los comunicadores sociales;
todos ellos se están enfrentando con mucho ímpetu y creatividad al uso
de las nuevas tecnologías. Hago todo lo posible para estar activa,
actualizada, conocer de las últimas tendencias de la moda, de todo. Eso
me permite no permanecer al margen, que no envejezca mi manera de
trabajar. Tener la mente muy abierta para los cambios, eso me ha sido
muy útil.
—¿Cómo es un día de trabajo suyo?
—De 48 horas, pero lo primero es levantarme bien temprano para
atender a mi nieta y darle los primeros besos; ese es el momento más
esperado de mi día. Después ocupo el resto de mis mañanas en mis
funciones como vicepresidenta del Comité Provincial de la Uneac;
trabajar con otros artistas me gusta mucho, me siento cómoda y útil con
ello.
«En la tarde regreso a casa para seguir con los encargos hasta la
noche, veo un poco de TV para escudriñar en las formas de creación de
otros artistas. Así puedo, por ejemplo, apreciar la promoción de la
Feria Internacional del Libro, que en cada edición presenta mayor
calidad y elaboración».
—¿Recuerda algunos de los momentos poco felices en estos años de labor?
—No quisiera hablar de esos momentos porque como dijo un amigo
cercano: que nada ni nadie empañe este momento feliz, y no lo voy a
empañar.
—¿Qué motivaría a Marta a rechazar un trabajo?
—Que no me diga nada, que no tenga que ver conmigo. En sentido
general todo es diseñable, yo siempre lo digo y a todo se le puede
buscar un ángulo para realizar un buen diseño. No he tenido ocasión para
rechazar nada, he trabajado mucho, trabajo todos los días de mi vida,
desde el primer día que comencé a diseñar.
—Cuéntenos del momento en que supo la noticia sobre el premio...
—Estaba en la sede de la Uneac cuando recibí la llamada donde me
anunciaron el premio, me extrañó porque estaba esperando otra
comunicación. En ese momento me quedé sin palabras, realmente no lo
esperaba, no voy a decir que porque no creyera que no lo merecía, no lo
esperaba. Quizá porque creo que es muy pronto para recibir un premio
como ese, que es como el techo de todos los laureles; creo que me queda
mucho por vivir y por hacer; y así fue como yo, que siempre tengo algo
que decir, me quedé sin palabras.
«Cuando Ileana Mulet, miembro de jurado, cogió el teléfono y me
felicitó, me dijo: "llora, llora, llora", y lloré de felicidad. Yo no
tenía palabras y todavía no las tengo, es un honor, un reto, un
compromiso con lo que voy a hacer de aquí en adelante.
«En sentido general me siento muy bien; soy, esencialmente, una mujer
feliz. No puedo decir otra cosa. La vida ha sido generosa conmigo,
quizá porque yo he sido generosa con ella, porque le he dado todo lo que
soy y la vida me ha premiado con muchas alegrías, muchas personas
maravillosas alrededor de mí, con mucha energía positiva y un premio
como este, que es lo máximo a lo que puedo aspirar»
—¿Ahora qué le resta por hacer?
—Es una tontería trabajar para premios. Yo trabajo y ya. Si vienen
los premios, qué bien; qué bueno es recibirlos; pero sigo trabajando
igual.
Tomado de
Sierra Maestra